Síndrome Postvacacional

…¿Cómo te sientes cuando tienes que volver al trabajo, a tus estudios o a tus rutinas diarias tras unas largas vacaciones?… ¿Qué se mueve en ti?

Realmente hay muchas maneras diferentes de vivirlo.

Es muy interesante comprender lo que implica este proceso de adaptación y saber qué está en nuestras manos hacer para vivirlo con menos estrés y de manera más constructiva.

En este artículo veremos qué es el síndrome postvacacional, cómo prevenirlo y qué hacer para superar este estrés tan común que produce la vuelta de las vacaciones.

Vamos a verlo desde una mirada integral, partiendo de preguntas con las que nos encontramos muchas veces en consulta, a la vuelta de vacaciones.

Se me hace muy cuesta arriba volver al trabajo y a la rutina… ¿Es normal?

Sí, es normal que ante cualquier cambio necesitemos un tiempo para adaptarnos física y psíquicamente y es importante saber que es así y darnos el tiempo para ello.

Es necesario un periodo de adaptación a la nueva rutina hasta sentirnos fluyendo en nuestros nuevos hábitos. Seguramente nos resultará conocida la sensación de estrés y activación interna que se da al volver al trabajo tras un tiempo de vacaciones. Es algo bastante habitual. Los cambios generan una activación en nuestro organismo para dar respuesta a lo que requiere la nueva situación. Esto, en ocasiones, lo podemos vivir con esa sensación de “cuesta arriba”, y es que todo nuestro “psico-cuerpo” se pone alerta.

Normalmente, este proceso se va regulando de manera natural en la medida en que nos adaptamos a ese “nuevo ritmo” con el paso de los días.

¿Por qué nos cuesta la vuelta a la rutina?

Cada persona experimentamos los cambios de manera diferente y podemos ser más o menos sensibles a ellos.

Quizá durante las vacaciones hemos disfrutado de una sensación de libertad de horarios y de no tener grandes responsabilidades. Además, hemos tenido tiempo para nuestro ocio, hemos relajado nuestras rutinas y ahora toca volver a nuestras responsabilidades cotidianas. La mente necesita activarse y contemplar los retos del día a día. Esto implica que nos toca volver a horarios más rígidos, y todos estos cambios, pueden generar que nuestra sensación de libertad y despreocupación descienda.

A nivel físico se generan cambios por las nuevas rutinas de sueño, de descanso , de horarios de comida. La nueva situación suele requerir de una mayor activación.

A nivel mental hay ocasiones que podemos percibir que no estamos “muy frescos”. Si durante el paréntesis vacacional hemos ejercitado menos nuestra mente, quizá cueste pasar de “0 a 100».

Nuestras emociones estarán muy marcadas por el tipo de pensamientos que rondan nuestra cabeza.

Si ponemos el foco en todo lo que dejamos atrás y lo vemos como una pérdida puede llegar a ser un auténtico drama.

Si, por el contrario, vivimos el nuevo ciclo con ilusión por emprender proyectos estimulantes y motivadores la experiencia de retorno puede ser muy diferente.

Durante las vacaciones y también al retornar la actividad es común que aparezcan pensamientos relacionados con el sentido vital y nuestro propósito. Es interesante aprovechar toda esa información para comprendernos mejor y conocer nuestras motivaciones más profundas.

¿Cuánto tiempo es necesario para adaptarnos a la nueva rutina?

El proceso de adaptación depende de muchos factores. En la medida en la que haya habido una mayor ruptura con lo cotidiano, en tiempo, lugar y tipo de actividad, será necesario contar con más tiempo para que nuestro cuerpo se adapte al cambio de lugar y de ritmo, nuestra mente pueda enfocarse poco a poco en la nueva rutina y podamos sentir lo cotidiano como algo manejable.

El tiempo de adaptación puede durar unos días y en ocasiones se prolonga a dos o tres semanas. Saberlo nos puede ayudar a comprender qué está pasando y no asustarnos. Con mucha paciencia y amabilidad nos podemos auto-acompañar en este proceso.

¿Cuándo se convierte en un problema?

Cuando interfiere de una manera clara en el día a día. Cuando el proceso de readaptación es muy costoso y genera muchas molestias. Es entonces cuando hablamos de un trastorno adaptativo nombrado como síndrome postvacacional.

¿Qué es el síndrome postvacacional?

Estrés post vacacional o síndrome postvacacional son todo el conjunto de molestias emocionales, físicas y psicológicas que pueden surgir si vivimos de manera muy abrupta o intensa el retorno a nuestras obligaciones laborales tras las vacaciones.

¿Qué síntomas produce el estrés postvacacional?

Puede generar una gran gama de síntomas en diferentes intensidades; cansancio, irritabilidad, tristeza, desgana o desmotivación, insomnio o sueño excesivo, pérdida de apetito o al revés, podemos querer comer compulsivamente.

Pueden aparecer síntomas similares a los de la ansiedad y depresión como nerviosismo, falta de concentración, sensación de pérdida de sentido vital, y diferentes desajustes emocionales.

Debemos observar que no se alargue en el tiempo y no nos genere más sufrimiento del necesario. Si es así, necesitamos analizar qué está pasando y el apoyo terapéutico será de gran ayuda para superar el bache.

La vuelta a la rutina me lleva a enfrentarme a asuntos pendientes en algún ámbito de mi vida… ¡¡No quiero volver!!

El síndrome postvacacional es cada vez más reconocido, algo muy positivo pero que, al mismo tiempo, si nos quedamos anclados ahí, puede impedirnos ver lo que realmente está sucediendo. ¿Por qué no queremos volver a la rutina?, ¿cuál es el verdadero motivo? Probablemente es ahí donde hallaremos respuestas.

Hay veces que las vacaciones “nos salvan” de seguir enfrentándonos a situaciones en las que estamos viviendo conflicto y dificultad, lo que permite un tiempo de descanso. Al ver cómo se acerca la fecha de vuelta, aparece un estado ansioso ante la anticipación de volver a encontrarnos con esa dificultad de cara.

Cuando esto ocurre, no hablamos de síndrome postvacacional, aunque las vivencias y síntomas puedan ser similares. Es importante diferenciarlo porque la manera de afrontarlo es diferente. No hay una dificultad en la adaptación, sino una dificultad concreta que necesita ser abordada y analizada, en la búsqueda de alternativas que modifiquen la repetición de una situación que nos está haciendo daño.

Dificultades en las relaciones laborales, convivencia familiar, asumir tareas de cuidado o responsabilidades que nos ahogan…etc. son algunas de las realidades que más conectan con este estado.

¿Qué oportunidades nos ofrecen los tiempos de adaptación y transición?

Los cambios de temporada y de rutinas nos permiten tomar distancia y ver nuestra vida desde otra perspectiva.

En vacaciones tenemos la oportunidad de separarnos de nuestra vida cotidiana y meternos en otros lugares nuevos (paisajes, relaciones, tareas, ritmo…etc.), podemos ver con distancia nuestra cotidianidad. Es como subir una montaña y poder divisar el paisaje conocido desde otra perspectiva, donde podemos sentir nuestra pequeñez en relación con todo lo que nos rodea.

Este “tomar distancia” permite dimensionar las cosas que vivimos. Es un mirar diferente, aunque todo siga igual y sea conocido, es una mirada que ayuda a poner en perspectiva.

De ahí, podemos darnos cuenta de detalles que antes pasaban desapercibidos.

De ahí, podemos ver el valor que tiene cada cosa.

De ahí, puede surgir lo nuevo.

Al volver y bajar de la montaña, necesitamos volver a contactar con lo conocido… ¡Aprovechemos para integrar ambas perspectivas! En esa integración tendremos una nueva mirada rica y real.

6 propuestas para prevenir el síndrome postvacacional

1. Intenta retornar de manera suave y progresiva.

Si puedes vuelve unos días antes para tener tiempo de adaptarte e ir organizándote poco a poco. Ves ajustando tus horarios de comida y sueño y pónselo fácil a tu cuerpo. Hacer algo de ejercicio es muy beneficioso. También te puede ser de gran utilidad la calma y el enfoque que te puede aportar la práctica de Mindfulness.

2. Permítete vivirlo como un proceso.

Se amable contigo y no te exijas tener que estar al 100% desde el primer momento. Cuesta. Nos cuesta volver, “da pereza”, “desearía a que continuaran las vacaciones”…Tenemos muchas veces cierta resistencia a la vuelta, es normal y podemos permitirnos “esa pereza”, sin quedarnos atascados en ella. Reconócela y sigue el proceso de ponértelo fácil para volver al ritmo necesario.

3. Pon el foco en todos esos aspectos que sí te gustan de volver a tu rutina.

Te será muy útil generar tus estrategias a nivel mental. Los pensamientos tienen un gran peso sobre nuestras emociones y cómo vivimos las cosas.

Haz una recapitulación de esas cosas buenas que sí te gustan de tu vida y de tu día a día. Esto te ayudará a enfocarte en los aspectos positivos. Realmente hay muchos y podrás recuperar hábitos que te sientan bien.

Ten en cuenta todo aquello que aparece en lo cotidiano y te apetece potenciar. Habitualmente cuando estamos más activos podemos sentirnos más lúcidos y con más fluidez mental. Rendimos más cuando tenemos retos motivantes

Además muchas veces hay más interacción social cuando estamos trabajando.

Aparece una parte de nosotros diferente a la del tiempo de descanso, que nos da y nos nutre de otra forma. Date cuenta de ella y llévala a tu día a día.

4. Mantén actividades y planes que disfrutes. ¡Hay tiempo para todo!

En ocasiones vivimos nuestros tiempos de trabajo y vacaciones de manera muy polarizada.

En términos de “blanco o negro” Si cuando estamos de vacaciones nos permitimos poder tener muchos espacios de ocio y disfrute y eso nos nutre, es interesante no cortar todos esos cuidados. Podemos seguir intercalando en nuestras semanas pequeños espacios de ocio, de descanso y seguir valorando lo que hay y habrá.

5. Planea qué te gustaría potenciar de ti y de tu vida los próximos meses

Se suele decir que “quien tiene un proyecto tiene un tesoro”. Cada instante es una nueva oportunidad de redirigir tu energía hacia aquello que quieres vivir. Paso a paso… ¡Ve a por ello!

Si a pesar de todo esto sientes que hay un malestar intenso siempre puedes buscar ayuda. No hay porqué sufrir más de lo necesario. Un acompañamiento terapéutico profesional te ayudará mucho en el proceso.

Miky Moreno (Terapeuta y Coach) y Tere Andres (Psicóloga y psicoterapeuta)

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